Contaminación acústica
Ir de un lado a otro del instituto es tropezarse con cientos de insultos, tacos, blasfemias y palabrotas de la peor calaña que harían sonrojar al más burdo de los camioneros deslenguados. Por eso ha sido una grata sorpresa que M y C hayan entrado en clase y me hayan saludado afirmando que hoy no habían dicho ni una sola palabrota. Claro que, ante mi mirada interrogadora, han confesado que tres o cuatro sí que se les han escapado. Pero me parece maravilloso que, por lo menos, se propongan "despalabrotizarse". Debe de ser algo así como dejar de fumar, después de años en los que te has dedicado a ello con fruición: el vicio forma ya parte de tu vida, de tus manías inconscientes, hasta el punto de que eres incapaz de construir un par de frases sin sazonarlas con alguna palabra malsonante... Y de pronto, descubres que tienes la lengua más negra que los pulmones del más empedernido carretero. Y que estás destrozando tu salud verbal.
No sé lo que les durará el propósito, ni creo que ellas sepan lo que ganan reservando un buen taco para cuando realmente lo necesiten. Quizá solo les haga gracia el juego y se cansen de él en menos de una semana. Pero hoy, por lo menos, me han alegrado el día.