Semáforos
No es sólo el blog lo que tengo abandonado, también es la escritura. Ya no recuerdo ni cuándo dejé aquí escrito mi último microrrelato. Y lo peor de todo es que el otro día escribí tres, casi del tirón, si consideramos escribir del tirón escribirlos seguidos, aunque la primera idea surgiese un mes antes de teclear en el ordenador la primera letra... Vaya, se me ha metido aquí un excurso sobre lo que es la creación del tirón y la frase anterior se me ha hecho demasiado larga y ha adquirido un sentido totalmente distinto al que quería, porque no quería decir, por lo menos esta vez, que lo peor de todo es que haya escrito tres microrrelatos (aunque vete tú a saber si al final eso no es lo peor de todo), sino que lo peor de todo es que en lugar de publicarlos en el blog, lo primero que se me ocurrió es meterme en Internet buscando concursos de relatos hiperbreves.
Y como no he encontrado ningún concurso que me ofreciese por ellos 15.000 € he podido recapacitar y decidir que bastante triste es escribir poco y cada demasiado tiempo, pero más triste aún pensar que uno sólo escribe para ganar premios. En el fondo, me pasa lo mismo que a Mastropiero:
"Toda vez que -por necesidades económicas- Mastropiero se vio obligado a componer música a pedido o por encargo, produjo obras mediocres e inexpresivas. Por el contrario, cuando sólo obedeció a su inspiración, jamás escribió una nota."
Y dicho todo lo anterior, aquí dejó la serie de los tres microrrelatos que en un primer momento pensé titular "Problemas de circulación", pero que he acabado por llamar "Semáforos". Una última advertencia: el otro día se los leí a un amigo y me puso cara de no entender ni jota y no fue capaz de disimular su sensación de que se me había vuelto a ir la pinza (lo digo, más que nada, para que no te preocupes en exceso si se te pone la misma cara), pero a mí me gustan... de momento.
Cada vez que se cruzaba con el verde de sus ojos, se ponía rojo, pero los "tequiero" se le morían en la garganta, atropellados por un amor con exceso de velocidad.
Confundido por el rojo de sus ojos y el verde de sus labios, el tímido daltónico nunca se atrevería a cruzar el límite del te quiero.
Verde sus ojos.
Ámbar sus casbellos.
Ámbar sus lágrimas.
Rojo su sangre.

vi-viendolavida dijo
no escribiste por un concurso... escribiste los microrrelatos antes de buscar el concurso!!
muy lindos... y un nombre muy apropiado.
ojalá sigas escribiedo para pasar a leerte.
saludos!
28 Julio 2010 | 12:09 AM