De cómo al profesor no le convencieron las excusas que puso el alumno de siempre para justificar por qué le había sido imposible realizar los deberes encomendados el día anterior
¿Y?
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12 Febrero 2009
Te los he oído mejores.
Carlos, bienvenido como cometador al blog. ¿Qué tal te va la vida? Me imagino que en ningún momento te habrás sentido representado en este cuento.
Nefer, he de decir que este cuento es pura ficción y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. De hecho, yo procuro creerme siempre las excusas que me ponen, porque ya me parece suficiente desgracia el que no hayan podido hacer los deberes: me imagino que ellos son los primeros dolidos por esa situación. También por eso nunca pongo negativos a quien no trae los ejercicios.
Nónimo, te agradezco tu sinceridad. Efectivamente, estoy contigo, creo que aquí se me ha ido la mano (o quizá la tecla).
Gracias, Eduardo. Por supuesto que me siento representado en este cuento :) Si no fuese así mi mujer (profesora ella) se marchitaría ante la falta de ocasiones para regañarme. En menudas manos he ido a caer.
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Carlos Escribano Rey dijo
Y el niño cayó fulminado.
12 Febrero 2009 | 09:18 PM