Si fiesta, fiesta
"Profe, hoy es el último día, no esperarás que vayamos a dormir: hoy empalmamos". Daba igual que llevasen una semana sin dormir: si la noche tiene algo de mágico, lo de la última noche ya es indescriptible. Si no puedes con ellos, únete y si fiesta, fiesta.
Esa noche fuimos a la discoteca del Lido de Jesolo, un antro de techo bajo y mucho ruido que sobrevive gracias a los viajes fin de curso de estudiantes españoles. En cuanto aterrizamos en el hotel, hizo su aparición el relaciones de la discoteca para convencernos de las maravillas de su antro y de lo light que era, pero como ya habíamos escarmentado en Montecatini con el concepto italiano de light y como los profesornes no estábamos dispuestos a pasarnos el rato apostados en la barra haciendo de catadores, le insistimos en que no queríamos nada de alcohol: debió de ver que se jugaba el negocio y nos lo garantizó con rotundidad, pues lo que más le importaba era que los profesores nos fuésemos contentos, porque somos los que decidiríamos si volvíamos en otra ocasión.
La discoteca abría hasta las tres de la mañana y como habíamos quedado en que si fiesta, fiesta, decidimos quedarnos hasta que cerrase. Pero a eso de las dos, el CAD (Comité Anti-Discoteca, porque también existen alumnos a los que la discoteca les "torra"), pero también el CPD (Comité Pro-Discoteca) empezaron a pedirnos que nos fuéramos ya. Les miramos con sorpresa y les dijimos que si fiesta, fiesta, que había que aguantar porque se suponía que nos lo estábamos pasando en grande. Pero al final cedimos y sobre las 2.30 unos cuantos, la mayoría, nos fuimos, mientras otros pocos quedaban bailando junto con las dos profesoras que demostraron tener bastante más marcha que ellos. Alguno salía de la discoteca con fuerzas renovadas porque había conseguido echarse un sueñecito a pesar de la música a todo volumen (sí, es increíble, pero hay fotos que lo atestiguan).
Nos fuimos hacia el hotel y como la noche era fría, nos pusimos algo de abrigo para continuar la fiesta en la playa que estaba a apenas doscientos metros del hotel. Allí me entró la vena poética y les recité aquello de "Puedo escribir los versos más tristes esta noche". Después me puse astronómico y les fui mostrando las constelaciones y contándoles las historias que encerraban. Ellos más que ver las estrellas empezaban a soñarlas porque a algunos, a pesar de estar de pie, se les cerraban los ojos, así que cuando les propuse dar un paseo por la playa, me suplicaron que les dejara ir al hotel. Ya se ve que mi concepto de fiesta, no acaba de coincidir con el suyo y a eso de las cuatro, cuando apenas quedaban dos horas para que nos tuviésemos que levantar, nos fuimos al hotel y yo me quedé con las ganas de empalmar: otra vez será.

Alfonso dijo
Eso es energía. Hasta las cuatro..., creciéndote... Me apunto.
5 Abril 2008 | 08:31 PM