El milagro de la lectura
Todo el que se dedique a la enseñanza sabe que el viernes es un día difícil y alborotador y también sabe que hay unos grupos más difíciles que otros. Uno de esos grupos lo tengo el viernes, casi a última hora, pero como me gustan las emociones fuertes, decidí experimentar.
Se trata de un grupo de 2º de la ESO un tanto especial, lleno de gente maja, pero con ciertas dificultades de aprendizaje y, curiosamente, de concentración. Así que, desde hace un par de semanas hemos empezado a dedicar los viernes a lectura silenciosa: cada uno del libro que haya elegido.
El primer viernes llegué a clase con toda mi ilusión... y me llevé un chasco porque tan sólo la mitad se habían traído un libro. Les dejé en clase bajo amenaza de terremoto si volvía y me los encontraba agitados, fui hasta el departamento y tomé siete u ocho libros.
Volví a clase y comprobé que la amenaza había surtido efecto: aunque habían cerrado la puerta que yo había dejado abierta, cada uno estaba en su sitio.
Repartí los libros y tardé cerca de diez minutos en conseguir que cada uno se centrase en el suyo y no dijese la primera parida que le viniese a la boca (porque ése es uno de los grandes problemas, dicen lo primero que se les viene a la boca sin pasarlo antes por el cerebro). Pero, por fin, cada uno se puso a leer su libro... y entonces se produjo el milagro: cerca de media hora de clase de silencio sepulcral. Bueno, no, mentira, no era un silencio sepulcral, sino un silencio muy vivo, porque cada uno estaba metido hasta el fondo en el libro que tenía delante. Claro que los milagros son milagros por lo excepcional y lo poco frecuente, así que no sé cuánto durará el milagro de la lectura.
Alv dijo
jeje enhorabuena por el logro,y por hacerlo así que cada uno lea el suyo que yo cuando hacíamos los lunes la clase de lectura teníamos que leer todos el mismo a la vez y era desesperante de la lentitud.
21 Enero 2008 | 09:47 PM