Un paréntesis en el Camino y unas lágrimas tontas
Después de tanto peregrinaje, y un tanto agotado de tanto recuerdo, vuelvo al hoy más inmediato. Mañana empiezan las clases en el Instituto. Bueno, más que las clases es la presentación: se dan horarios, se hacen buenos propósitos, se recuerdan las normas básicas de conducta... y se va uno concienciando para el lunes.
De todas formas, ya hoy ha habido bastante ambiente en el Instituto, porque se exponían las listas y cada uno sabía en qué clase le iba a tocar. No sé cómo lo harán en otros lugares, pero aquí, al pasar de curso hay que reestructurar todo un poco y uno puede acabar con gente muy distinta. Así que en seguida el patio se ha llenado de barullo, gritos de júbilo y alguna que otra lagrimilla o incluso lagrimona.
Por ejemplo A (que espero que no se me enfade mucho por contar esto aquí), una de las alumnas más felices que conozco, ha visto que estaba en una clase en la que no coincidía prácticamente con nadie del año pasado, ni siquiera con su amiga del alma y su primera reacción ha sido, como siempre, una sonrisa. Pero después a C, su amiga del alma (espero que tampoco se me enfade), le ha ido entrando poco a poco la llorera y se le han empezado a escapar lágrimas y creo que ya he contado en alguna ocasión lo contagiosas que son las lágrimas en estas edades. Pocos minutos después me he encontrado a A llorando desconsoladamente, como no la había visto en mi vida, sin embargo a C ya se le había pasado el sofoco y se habían intercambiado el papel de consoladoras.
De pronto, C, que ya había dejado de llorar, ha dicho que ella también podría volver a llorar y le ha bastado medio minuto y unos cuantos pensamientos tristes para derramar otra tanda de lágrimas.
Son lágrimas tontas, qué duda cabe, porque después descubrirán que su clase es mucho más maravillosa de lo que se pensaban y conocerán gente que se convertirá tal vez en sus mejores amigos y amigas (de hecho, A y C no se conocían apenas el año pasado cuando coincidieron en clase). Decía que son lágrimas tontas, pero me han llenado de una tremenda ternura porque quizá no sean tan tontas: son una forma de decir a los demás todo lo que nos importan, son las lágrimas que provoca la separación, aunque esa separación sólo sea un tabique o un pasillo y a mí me ha dado vergüenza no ser capaz de llorar, a pesar de que no voy a tener a casi ningún alumno del año pasado y eso me da una pena terrible. Claro que si siguiese con los alumnos del año pasado cómo me iba la vida a sorprender con todos los nuevos alumnos que descubriré este año y de los que tanto espero aprender (y enseñarles algo, en la medida en que se dejen).
keep walking dijo
Buenos días!!
Después de unas (merecidas, no os voy a engañar) vacaciones, ya he vuelto a mi rutina diaria: tomar un cafecito mientras leo las noticias y tu blog.
Suerte en este nuevo comienzo de curso!! Seguro que estará lleno de grandes historias para compartir tomando una taza de café.
Un saludo!
14 Septiembre 2007 | 09:19 AM