Categoría: la vida misma
1 Enero 2010
Dicho y hecho: he actualizado el blog en menos de 24 horas... Claro, que también es para avisar de que no lo haré durante esta semana porque voy a estar fuera y desconectado del mundanal ruido.
En fin, espero seguir este año en tan buena forma como lo he acabado y lo he empezado: ayer por la mañana jugué un partidillo de fútbol-sala con alumnos del año pasado, sin importarnos la lluvia, y esta madrugada, de cinco a seis, he jugado un partido de fútbol 11 con otros amigos, sin importarnos la hora. Sí, quizá no sea lo más habitual, pero puedo asegurar que es mucho más divertido que aguantar en una fiesta en la que te han cobrado nosecuántos euros y que te ha decepcionado como siempre... Claro, que también entiendo que hay quien se lo habrá pasado estupendamente en esa fiesta y que no habría jugado el partido de madrugada por muy perjudicado que estuviese. Para gustos, los colores.
servido por Eduardo
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31 Diciembre 2009
Lo sé. El año pasado a estas alturas hice el propósito de que en el 2009 iba a escribir con más frecuencia en el blog. Y también sé que ha sido el año en que menos he escrito. Y ójala hubiese sido éste el único propósito sin cumplir, pero a veces da la sensación de que uno no da una. Y uno ya no sabe si los propósitos no le salen porque se los pone difíciles o porque se los pone como propósitos. Que hay otro millón de cosas que sí que me salen sin proponérmelo: como meter la pata. Pues nada: me propongo en el 2010 meter la pata todo lo posible.
Y ante la inevitable miradilla atrás cuando acaba el año, uno también se da cuenta de que ha sido un año lleno de acontecimientos y de efemérides: en 2009 se han cumplido veinte años desde que empecé la carrera (prefiero no detenerme en este punto, no vaya a ser que saque conclusiones tontas), quince años desde que acabé la carrera (aquí la conclusión sí compensa: la acabé en cinco años), quince años desde que empecé a dar clase (otra conclusión interesante: en lugar de morirme de hambre tras terminar filología clásica encontré trabajo -o más bien el trabajo me encontró- apenas finalicé la carrera)... Y seguro que se han cumplido veinte y quince años de muchas cosas más, pero tampoco es cuestión de acordarse de todo. Y entre los acontecimientos, sin duda alguna, destaca el destino definitivo en San Martín de la Vega (sí, chiste fácil: a todo cerdo, le llega su San Martín).
Y también los finales de año dan para números y estadísticas: este año ha habido 35.635 visitas a este blog, de 24.026 visitantes, de los cuales 4.498 han vuelto alguna vez.... ¡¡¡GRACIAS!!!
Vaya, consultando estadísticas, acabo de comprobar que, dos años después de haber escrito una entrada en el blog que se titulaba "Feliz salida y entrada", me mantengo en la octava posición de 2.570.000 páginas de Internet buscadas por Google en 0,11 segundos... Ups, pero la cosa no acaba aquí, porque si resulta que uno busca "Feliz salida y entrada de año" (sin comillas), La vida es cuento aparece la primera de 17.300.000 páginas buscadas en 0,13 segundos... y no deja de ser sorprendente... que Google sea capaz de buscar quince millones de páginas más en tan solo dos centésimas. Por fortuna, este primer puesto es lo suficientemente estúpido como para que no se me suba a la cabeza (bueno, un poco sí, de hecho ahora mismo titulo este artículo exactamente igual y seguro que me afianzo en la primera posición para el próximo lustro).
Y vale ya de desvariar, que nos van a dar las uvas (si no lo digo, reviento). Si lo que de verdad me importa ahora no es que un desconocido se tropiece con esta página buscando alguna idea original para felicitar el año (ya lo siento si has venido con ese propósito y te he hecho perder el tiempo); si lo que yo realmente quería es entrar aquí y felicitar el nuevo año a todo el mundo, pero, sobre todo, a todos los que están ahí, en los enlaces de la derecha, y a quienes se siguen pasando a pesar de haberme convertido en un blog esporádico y siguen echándose unas sonrisas mientras leen y, de vez en cuando, dejan también escapar alguna lagrimilla o incluso dejan un comentario (otro dato: 853 comentarios hasta ahora; habrá gominola para el comentario mil) o no dejan nada porque se quedan aquí, sin que nadie se entere.
Lo siento, no puedo evitarlo: cada vez que escribo me lo paso tan bien que ahora mismo vuelvo a hacerme el propósito de escribir en el blog con más frecuencia... Además, si no lo consigo cuando me lo propongo, ya no te quiero ni contar si ni siquiera me lo propusiera.
Y, por supuesto, feliz salida y entrada de año y, de nuevo, muchísimas gracias por haber vuelto a llegar hasta el final de una entrada y haberte convertido en parte de esta vida de cuento.
servido por Eduardo
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24 Diciembre 2009
Feliz Noche y Feliz Navidad a cuantos os pasáis por aquí, voluntaria o involuntariamente, y ya que estáis os quedáis un rato a leer.
Como este es el cuarto año que felicito la Navidad por el blog y me temo que me voy a repetir (porque ni la Navidad ni yo somos muy originales), casi mejor que lo dejo aquí y cedo la palabra a algunos escritores para cantar con ellos villancicos al Niño:
PUES ANDÁIS EN LAS PALMAS
Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.
Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto:
no le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.
El Niño divino
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,
sosegar quiere un poco
del tierno llanto.
Que se duerme mi niño,
tened los ramos.
Rigurosos hielos
le están cercando;
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.
Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.
(Lope de Vega)
CANCIÓN AL NIÑO JESÚS
Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera,
para que el Niño la viera...
Si la palmera tuviera
las patas de borriquillo,
las alas de Gabrielillo,
para cuando el Niño quisiera
correr, volar a su vera...
Si la palmera supiera
que sus palmas, algún día...
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira... Si ella supiera...
Si la palmera pudiera...
la palmera...
(Gerardo Diego)
NAVIDAD
1
¡Muchachas, las panderetas!
De abajo yo, por las cuestas,
cantando, hacia el barrio alto.
La Virgen María
llorando, arrecida,
hacia el barrio bajo.
¡Las panderetas, muchachas!
2
- Un portal.
- No lo tenemos.
- Por una noche...
- ¿Quién eres?
- La Virgen.
- ¿La Virgen tú,
tan cubiertita de nieve?
- Sí.
3
La mejor casa, Señora,
la mejor,
si sois la Madre de Dios.
Que tenga la mejor cama,
Señora,
la mejor,
si sois la Madre de Dios.
¡Abran los portales, abran!
Pronto,
por favor,
que está la Madre de Dios!
(Rafael Alberti)
LOS TRES REYES MAGOS
- Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina estrella!
- Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!
- Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.
- Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.
Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la vida.
(Rubén Darío)
HABLAN LOS PASTORES
¡Ya está bien, que se va a helar!
Tanto adorar al Chaval
y nadie tiene reaños
de darle sus propios paños,
sus sayas o su morral.
Tanta mirra y tanto incienso,
y Él desnudito en el pienso
-pienso que nadie le quiere-.
Su tiritera me hiere,
en esta noche tan bruta.
¡Muchachos, traed viruta,
vamos a hacer una hoguera,
antes de que se nos muera
de frío la Salvación!
Juntad todas las banderas
y haced una colcha loca,
porque Dios está en pelota
desde que vino al Portal.
(Gloria Fuertes)

servido por Eduardo
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6 Diciembre 2009
Estábamos X y yo en el departamento, cada cual corrigiendo sus exámenes, que es lo que suele tocar en estas fechas. De pronto X me preguntó cuántos años llevo dando clase... Tuve que pensarlo un momento y respondí que 14. "¡14!", repitió con sorpresa, "pues llevas más que yo". Y al preguntar por qué preguntaba y por qué se extrañaba, me respondió: "no sé, se te ve con tanta energía...". Y eso, en lugar de alegrarme, me dejó algo pensativo, porque lo que subyace detrás de la sorpresa de X es que sí, efectivamente, uno empieza a ser profesor repleto de vida y energía, pero que termina por quemarse y desengañarse más pronto que tarde. Y me imagino que cuando me veía con la energía que dice que me ve, pensaría para sí: "pobre, cómo se nota que está empezando, pero ya se le pasará... como a todos".
Y también me imagino que sí, que se me acabará pasando, que llegará el día en que entre en el departamento farfullando por la clase de la que acabo de salir, que asegure que nunca he visto alumnos semejantes, que se me haga un nudo en el estómago cada vez que tengo que ir al Instituto, que suspiraré por los fines de semana más que los alumnos, que me daré cuenta de que no merece la pena el esfuerzo, que es mejor dedicarse a sobrevivir y a cumplir lo mejor que uno pueda, pero sin excederse nunca. Y temo, como a pocas cosas, que llegue ese día, más pronto que tarde.
Sospecho que los primeros síntomas consistirán en ver sólo lo que va mal y en empezar a generalizar: es que nunca trabajan, es que es imposible darles clase, es que no tienen ningún interés, pues yo no soy su padre, pues no sé para qué me rompo la cabeza preparando actividades, es que no tienen ninguna motivación, es que A se ha pasado la clase de hoy haciendo avioncitos de papel, es que B sabe que me saca de mis casillas cuando tararea, es que C siempre llega tarde, es que D no trae el material, es que E no hace más que meterse con los demás alumnos, es que F me ha mandado de paseo, es que G... Y así podría seguir con todo el abecedario (y me faltarían letras, claro). Y a veces uno ve que entrar en la espiral de la desesperanza es de lo más sencillo, porque basta con dejarse llevar por la corriente... Menos mal que tengo mala memoria para las malas clases y mejor memoria para quedarme con los buenos momentos, con que H ha traído hoy el material, con que I me ha contado algo que le preocupaba, con que J nunca deja de hacer los ejercicios, con que K ha descubierto que hay libros que merecen la pena ser leídos, con que L ha dejado una nota fantástica a su amigo invisible, con que M sigue la explicación sin perderse palabra, con que N ha hecho las paces con Ñ, con que O... Y así, otro abecedario (y me faltarían letras, claro).
En fin, aquí dejo esto escrito, para acordarme de releerlo cuando esté de bajón y algo chamuscado y, mientras tanto, intentaré seguir entrando con la sonrisa en clase (aunque tenga que cambiarla a los cinco minutos por la cara de asesino), saludando por los pasillos y disfrutando de aprender mientras enseño... Y, por supuesto, seguiré echándome unas cuantas risas con los compañeros, que es de las mejores cosas que tiene este trabajo (y ya de paso, disfrutando de este puente, que es otra de las ventajas de ser profe).
servido por Eduardo
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22 Noviembre 2009
Acabo de llegar a casa, algo tarde, cansado y con prisa, porque vengo de una función de cuentos, tengo que acabar de preparar la sesión de la Escuela de Padres que estoy impartiendo en un instituto de Vallecas, dejar listo el examen de 1º de la ESO y mañana toca madrugar... Pero hoy me he encontrado en distintos momentos a dos personas a las que hace tiempo que no veía (curiosamente L. y L.) y me han echado en cara que a ver si actualizaba el blog, que me había quedado en el 6 de noviembre... Así que he llegado a casa y he dejado para luego la sesión, el examen y la cena y me he puesto a escribir aquí, al principio con cierta sensación de obligación descuidada y después con la alegría de saber que hay quien me echa de menos cuando no escribo y quien sigue el blog aunque nunca comente. Y una vez más renuevo el propósito de venir aquí más a menudo, de no escribir a golpe de Musa, sino de horario... y con el propósito firme de renovar ese propósito cuando me vuelva a descuidar y se me pasen los días tan llenos y tan rápidos que acabe dejando para mañana lo que podía hacer hoy, porque la verdad es que en esta entrada tampoco he tardado tanto (claro, que quizá por eso se ha quedado un poco "corta" en todos los sentidos).
servido por Eduardo
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5 Noviembre 2009
Un día como hoy hace 40 años, es decir, el 5 de noviembre de 1969, comenzó una de esas historias de amor tejida de tan pequeñas cosas que pasa desapercibida a todos cuantos no tienen parte en ella. En realidad la historia no comenzó ese 5 de noviembre, sino bastante antes, pero fue el 5 de noviembre el de los "sí, quiero" y "hasta que la muerte nos separe". Y desde entonces, han ocurrido tantas cosas que da cierto vértigo mirar atrás. Y yo no sé qué se imaginarían aquel chico de Vallecas y aquella muchacha del barrio de Salamanca que iba a ser su matrimonio, pero de lo que estoy seguro es de que la realidad ha sido bastante distinta de todo lo imaginado, que las perdices no las han regalado, sino que ha habido que cazarlas una a una, que de haber sabido las dificultades que acechaban en el camino, lo mismo no se habían animado a lanzarse tan a la aventura.
Pero qué alegría, imagino también, levantarse hoy y seguir diciendo "sí, quiero" y "hasta que la muerte nos separe" y echar la vista atrás, a estos cuarenta añitos de nada y hacer un repaso interminable y acabar con una sonrisa o una carcajada, porque la vida es como una partida de mus y a veces uno tiene que saber jugar con las cartas malas y marcarse algún que otro farol para burlarse del tedio y la rutina, porque hasta el rabo todo es toro y no compensa nadar, nadar y morir en la orilla. Y como jugador de chica, perdedor de mus, han jugado a la grande, y a la grande el amor siempre es fecundo... y divertido, que no hay más que recordar las risas que nos echamos en el puente de octubre cuando nos fuimos todos (los dos padres, los ocho hijos, los dos yernos, las cinco nueras y los 19 nietos) a unas casas rurales en un pueblo perdido para celebrar estos cuarenta y la jubilación y el estar juntos. Y tanto y tanto, que tampoco tiene mucho sentido venir aquí, al blog, a airearlo a los cuatro mares de la red cuando es tan difícil decir algo que sea acertado, cuando es mucho más lo que se queda sin decir y lo que se calla, porque ya se sabe y qué falta hace, a ver, si tú y yo y todos nosotros lo sabemos y quien no lo sepa es imposible que se haga la menor idea con dos párrafos apresurados y algo tiernos y una foto que batió todos los records de foto de familia numerosa al natural. Así que muchísimas felicidades... y muchísimas gracias.

servido por Eduardo
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21 Octubre 2009
Hace casi dos semanas me cayeron encima los 38 y desde entonces ando buscando un hueco para acercarme hasta aquí y contarlo, porque ya se ve que estoy llenando las últimas entradas de primeras veces en el Instituto. Pero ahora lo hago con la presión añadida de que este blog ya ha sido descubierto por más de uno (¿verdad, I, C, J, D, N...?) que además no deja de recordarme que tengo que actualizarlo. Y me estoy planteando mandar como lectura obligatoria el blog, que leen más por curiosidad que por gusto, en lugar del incomprensible Don Juan Tenorio.
Pero volvamos al asunto que nos traía hasta aquí. A principios de mes repartí en mi tutoría los encargos: luces, cerrar puertas, ventanas, orden de las mesas, papelera, corcho, parte... y también puse el encargo de "cumpleaños". N y L tomaron el encargo con ilusión y decidieron hacer una tarjeta de cartulina firmada por toda la clase para el homenajeado. El primero en cumplir años fue G, justo el día antes que yo, y no sólo le dieron la tarjeta, sino que además le hicieron un pequeño regalo. Así que, cuando empezaron a preguntarme cuál era mi autor favorito, yo que no soy muy avispado, me di cuenta de por dónde iban los tiros y les dije que no necesitaba ningún regalo, que el mejor regalo es que se porten bien (a veces me dan unos ataques de cursilismo que me asustan), que no me importaba recibir regalos, que nunca recibía regalos de los alumnos (bueno, por lo menos durante el curso, que en la mejor estantería de mi habitación sigue el regalo de despedida que me hicieron los de 4º el año pasado, buaaaaa)...
Al día siguiente, a pesar de mis amenazas de posible examen, me cantaron el cumpleaños feliz, yo les repartí las "chuches" (igualito, igualito que cuanto estaba en 2º de EGB) que salieron algo durillas y ellos me dieron la cartulina con las felicitaciones: "Espero que te feliciten sin faltas de ortografía. Jajaja"; "Mal: Eduardo KT regalen muchas cosas en est dia tn spcial; Bien: Eduardo que te regalen muchas cosas en este día tan especial", etc. Pero el delegado también me dio una hoja de cuadritos doblada con la indicación expresa de que no leyese el contenido hasta al día siguiente porque me iba a poner triste. Los demás empezaron a recriminarle que me hubiese dado la hoja y que no hubiese esperado hasta el día siguiente. Picado por la curiosidad no les devolví la hoja y cuando llegué al departamento no pude evitar la tentación de leerla:
Para Eduardo:
Hay algunas personas en la clase a las que no la sentó muy bien que no aceptaras regalo. Tampoco le parecen muy adecuadas a algún comentario que otro, como, no me importa.
Para Eduardo:
Eres bastante seriote.
Firmado: X
Para Eduardo:
No me parece bien que no aceptes un regalo como amigos que no es de alumno a profesor. Ers bastante serio, y que sepas que el regalo es como amigos no como alumnos.
Frdo: X
Para Eduardo:
A mi tampoco me parece bien que no aceptes el regalo. Aun así te deseo ¡¡¡Feliz Cumpleaños!!!
Fdo: X
Para Eduardo:
Nos encantaría que aceptaras el regalo, pero si no quieres no te vamos a obligar. Espero que lo pases muy bien y que sepas que eres un tutor estupendo.
Frmdo: X
Para Eduardo:
No me parece bien que no aceptes el regalo porque tenemos toda la ilusión del mundo a si que no nos la quites. Pero Feliz cumple:
Frdo: X
Para Eduardo:
No estoy deacuerdo contigo por que nosotros tenemos que cumplir con nuestras cosas si nuestros compañeros son encargados de cumpleaños pues hay que aceptarlo. A nosotros nos gustaría y nos aria mucha ilusion que aceptaras el regalo.
Fdo: X
Después de leer la nota (las X y las faltas de ortografía son del original; tampoco tienen desperdicio las distintas maneras de abreviar "firmado"), volví a clase, con lágrimas en los ojos, le pedí permiso a J, el profe de historia, para interrumpirle. Les dije que me habían conmovido y que, ya que estaban empeñados, había pensado en aceptar el regalo, es más, se ve que Braulio, mi coche, estaba empezando a hacerse mayor y que no me vendría nada mal un cambio... Al final, al día siguiente se encargaron de organizar una fiesta en clase con unas coca-colas de la cafetería y unos bollos fantásticos. Yo, de mayor, quiero ser como ellos.
servido por Eduardo
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22 Julio 2009
Uno de estos días tendré que llevar al bueno de Braulio a pasar la ITV. Siempre ha sido un coche muy valiente y no está en absoluto asustado, a pesar de que ya empieza a tener una edad y sus más de 170.000 kilómetros. Todavía no me he atrevido a decirle la que se le viene encima el año que viene con los viajes a San Martín de la Vega, pero seguro que ni rechista.
El caso es que he recordado uno de esos momentos duros que hemos compartido este año y que olvidé poner en el blog en su momento. Así que, a sabiendas de que el relato ha perdido la frescura de la inmediatez y utilizándolo como excusa para actualizar el blog os hago un sucinto resumen de lo ocurrido.
Fue un miércoles y el martes había sido un día duro: a mediodía había perdido el partido que juego todos los martes con los alumnos y por la noche el Madrid fue vapuleado por el Liverpool. Me fui conmocionado a la cama, pero eso no impidió que al día siguiente me levantase como un machote en cuanto sonó el despertador.
Lleno de vitalidad y alegría para dirigirme a mis asuntos bajé a la calle y al acercarme a Braulio vi con cierta sorpresa que la cartera en la que guardo los carnés de conducir, biblioteca, DNI, etc, estaba en el suelo y los carnés desperdigados a su alrededor. Lo primero que pensé (a esas horas no estoy muy fresco) es que había tenido suerte porque la cartera se me habría caído el día anterior al salir del coche y nadie la había cogido. Luego caí en la cuenta de que la cartera estaba guardada dentro del coche, en una guanterilla que hay bajo el volante. Como supuse que la cartera por sí misma no habría tomado la resolución de escapar de una vida tan encerrada y mezquina, empecé a temerme lo peor...
Efectivamente, al pobre Braulio le habían fracturado (eso puso más tarde el policía en la denuncia) la ventanilla del conductor, le habían violado la intimidad y le habían sustraído la radio que tan gentilmente me había regalado Gema cuando cambió de coche.
No sólo se habían llevado la radio: también el mando del aparcamiento del instituto... y la bomba de inflar balones. Aparte del carné de conducir, que era el único que eché en falta en ese momento.
Cuando le comuniqué a mi madre los desperfectos y el asunto del carnet me llevé la consiguiente bronca por dejar la documentación dentro del coche (bronca que me fue repitiendo alguna alumna en todas las clases en las que conté lo sucedido).
Subí a mi casa a por el recoge-todo, bajé de nuevo, limpié los cristales y me fui a la comisaría a poner la denuncia.
Os ahorraré detalles, pero cuando por fin el poli acabó la denuncia me la dio para que le dijese si estaba de acuerdo y la firmase. La leí con atención:
-Lo siento, no estoy de acuerdo...: "fue" no lleva tilde y "dejó" y "observó", sí -pensé, pero no fui capaz de decírselo por miedo a acabar en el calabozo.
Afortunadamente, las gafas de sol, que también habían desaparecido, las encontró mi madre tiradas por el suelo al visitar el lugar de los hechos... y el carné de conducir alguna buena persona se lo llevó al portero.
Así que el asunto no fue para tanto y de paso le puse a Braulio la radio original, de cinta, por supuesto, y como me he comprado una cinta adaptadora ahora puedo escuchar la música del móvil o de los MP3 de los que viajan conmigo. Toda una suerte.
servido por Eduardo
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