La Coctelera

LA VIDA ES CUENTO

11 Junio 2014

Punto de vista

Le acusaban de estar siempre en las nubes y él no sabía cómo decirles que en "modo vuelo" veía mejor a las personas.

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8 Junio 2014

Te debo una disculpa...

Te debo una disculpa, lo sé. Hace tiempo que quiero pedirte perdón, pero pedir perdón nunca me ha resultado fácil... y me es más difícil cada día que paso sin hacerlo.

Y antes de pedir perdón uno busca repartir las culpas, porque aceptar que la culpa es solo mía, pesa demasiado. Pero en este caso, la culpa es solo mía. Podrías echarme en cara con razón que ha desaparecido esa ilusión del principio, que poco a poco te he ido relegando, a la espera de que vengan momentos en que tenga tiempo que dedicarte, en lugar de tener tiempo para que vengan esos momentos.

Yo podría echarte en cara que no siempre has brillado por tu discreción, que a veces te he contado cosas muy personales que no te ha importado publicar a los cuatro vientos. Pero nunca me dijiste que me fueras a guardar el secreto. Es más, siempre sabía a lo que me exponía si te lo contaba.

Podría echarle la culpa al tiempo, pensar que ocho años son muchos para según qué cosas y que el deterioro era inevitable. Pero sé que sería una forma de tranquilizar la conciencia, porque es más fácil echar la culpa al tiempo que no se puede quejar (ni falta que le hace) que asumir yo solo las responsabilidades. Pero máxima libertad, máxima responsabilidad.

Quizá el "arrutinamiento" haya sido inevitable, hasta el punto de haber llegado a pensar que ya no tengo nada que contarte, que tal vez la vida no es tan cuento como creía... Sé que no es la primera vez que pasamos por situaciones parecidas, pero hasta ahora nunca había llegado hasta el punto de que alguien, en este caso R, un amigo común, me tuviera que mandar un mensaje el 27 de mayo para recordarme lo nuestro: "Oye, casi se me pasa... ¡feliz cumpleblog!".

Pues sí, el 27 de mayo este blog cumplió ocho años... Y la verdad es que han sido ocho años fantásticos, en los que la vida se ha ido convirtiendo en el mejor de los cuentos... De hecho, hace ocho años, no podía imaginarme que iba a estar hoy aquí, escribiendo en el blog, después de leer, divertido y avergonzado, lo que escribí en la primera entrada:

Queda menos de un mes para la oposición de Lengua Castellana y Literatura y quizá no sea el mejor momento para empezar a escribir en un blog. Pero no sé, quizá lo de escribir no sea tan difícil. Empezaré escribiendo sólo diez minutos cada día, o cada dos días. Poco a poco algún navegante extraviado llegará a esta orilla de la red y me acabará leyendo. Se empezará a correr el rumor a velocidad cibernética y entonces alguna editorial se dará cuenta de que aquí hay todo un filón, me pagarán una pasta gansa por adquirir los derechos, que aceptaré después de hacer ver que el dinero no es todo para mí. Me podré comprar un ordenador nuevo y dedicar más tiempo a escribir. El Quijote se quedará a la altura del betún y podré dedicar tres o cuatro horas diarias a escribir. Al cabo de poco más de un año un tal Spielberg me pedirá, por favor, que le deje hacer una película sobre mi blog. Con esos milloncejos me compraré un piso como Dios manda, sin importarme un ápice la especulación urbanística y empezaré a viajar y a ver el mundo que me queda, que no es poco, tratando de descubrir trozos de paraíso (todo el mundo sabe que después del penoso incidente de la manzana el paraíso explotó y ha quedado algo diseminado, pero todavía es posible encontrar algún que otro lugar intacto). Alcanzaré fama mundial y las generaciones futaq89qgqt 8uq mcfb wervuqc0wfjcvifbh wyru jv '9q3

¡¡¡MIERDA!!! ¡¡SE ME HA VUELTO A COLGAR INTERNET!!

Y tampoco me podía imaginar que durante este tiempo el blog me iba a dar tantas alegrías y tantas sorpresas, como aquella inesperada llamada de hace unos años, que me pasó la conserje del instituto:

-Eduardo, no me conoces de nada, pero no te imaginas lo que me ha ayudado tu blog en determinados momentos de mi vida. Estoy en una situación desesperada y al final me he decidido a buscar el teléfono del instituto y llamarte porque quería pedirte un consejo...

Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

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7 Mayo 2014

Incomunicación

Jamás le dijo que cada vez que venía sentía un cosquilleo en las entrañas. Las flores no hablan. Y la abeja nunca volvió...

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28 Abril 2014

Redescubrimiento

Le encantaba leer sus "whatsapps". Pero un día olvidó el móvil y descubrió que era mucho más fascinante leer sus ojos.

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25 Abril 2014

El día que me cambió la vida

Hoy hace 28 años me cambió la vida. O quizá sería más adecuado decir que hoy hace 28 años me cambié la vida. Cuando estudiaba 1º de BUP (3º de la ESO para los que han cursado Primaria), el 25 de abril de 1986, viernes, a eso de las once de la noche, pedí la admisión como agregado en el Opus Dei, una institución de la Iglesia católica que promueve la santidad en medio del mundo a través de la vida ordinaria y el trabajo cotidiano. De todos modos, ahora que lo pienso, creo que lo más correcto es decir que fue Dios quien me cambió la vida, porque es Él quien llama a quien quiere y cuando quiere. Y además le gusta ponerse las cosas difíciles. Sé que más de uno pensará que pensar a estas alturas de la humanidad que Dios sigue llamando es, cuando menos, bastante ingenuo e incluso arrogante. Pero para mí, que conozco bastante bien el paño de que estoy hecho y lo cafre que puedo llegar a ser, el hecho de seguir aquí tan contento 28 años después es un motivo más de credibilidad. Todos estos años han sido un camino de rosas: un camino fantástico, pero también lleno de espinas.
Como es lógico, a los catorce años sabía bastante poco de la vida, pero es una edad ideal para cometer locuras y lanzarse al vacío con el amor como único paracaídas. Además, la inercia tampoco te lleva muy lejos y esa decisión primera y un tanto inconsciente de tus catorce años tienes que seguir renovándola (es decir haciéndola nueva) no solo hasta que cumples los dieciocho y realizas tu primera incorporación jurídica a la Obra, sino cada día de tu vida.
Hace un par de semanas, dos de mis sobrinas, de nueve años, me sometieron a un tercer grado para saber por qué yo no me casaba, si es que no me gustaban las chicas o si es que yo no le gustaba a las chicas, y les respondí que ninguna de esas razones era cierta (por lo menos la primera), y traté de explicarles que a veces Dios se mete en tu vida, sin pedirte permiso, y te pide que le des el corazón entero... Se quedaron calladas y serias, y no sé si muy convencidas, pero por lo menos acabó el interrogatorio.
Ahora, a los 42, sigo sin saber demasiado de la vida, pero plenamente convencido de que valió la pena dar el salto al vacío y de que el amor no es el paracaídas, sino las alas.

PS: Por esas casualidades de la vida, en la página web de la Obra han vuelto a publicar esta semana una entrevista que me hicieron en 2009.

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23 Abril 2014

Siete años, un martes y un septiembre

Hoy es el Día del Libro y todo el mundo se siente obligado a recomendar algún libro. Y a mí, habitualmente, lo que me gusta es ir a la contra y no hacer lo que hace todo el mundo, pero eso tiene el peligro de que acabas haciendo lo mismo que aquellos a los que lo que les gusta es ir a la contra y no hacer lo que hace todo el mundo (tranquilo, yo tampoco me entiendo), así que hoy he decidido dar otra vuelta de tuerca (gran libro, ya que estamos) e ir a la contra de todos los que van a la contra... y recomendar un libro.

En realidad, esta entrada quería haberla escrito hace mucho tiempo, con calma y tranquilidad, sin prisas... Como he querido escribir todas las entradas que nunca he escrito. En fin, nada mejor que aprovechar la excusa del día del libro (así, en minúsculas, para que valga para cualquier día) y hablar de un libro.

Siete años, un martes y un septiembre salió hace un año, un lunes y un abril y es el primer libro (publicado) de Julio Oliva, antes que escritor, amigo (y compañero de tantos proyectos por empezar) y por eso no es sencillo escribir sobre su libro como si no nos conociéramos. Lo más fácil es decir "libro", porque no es fácil saber si es una novela, o un conjunto de cuentos, o más bien poemas o un poco de cada o todo lo contrario. O quizá una colección de estampas impresionistas, pintadas con palabras que de cerca destrozan la sintaxis, pero que, cuando uno se aleja para contemplar el conjunto, toman forma y sugieren mucho más de lo que dicen. A veces hay personajes que se repiten, a veces lo que se repiten son las situaciones, o los años, los martes y los septiembres. Y un tú y un yo que se intercambian los papeles o acaban convertidos en él y ella. Da la impresión de que el libro tampoco tiene un principio o un final, que se puede empezar a leer por cualquier parte ("Pongamos que deshacemos una novela, barajamos sus páginas, que laboriosamente uniera el editor, y amablemente el impresor, siguiendo un lógico orden de comprensión y factibilidad, si es que eso existe"). Incluso se puede empezar del revés y entonces de repente cambias de idioma y descubres que hay cosas que saben mejor en catalán o en castellano, depende de cuál sea tu revés.

Tiene el conjunto sabor a melancolía, a ternura, a amor tantas veces quebrado o quebradizo, a distancia, a cigarro, a mar, a Argentina, a Barcelona, a besos no dados. Sabe bastante a Cortazar y tal vez más a Jefferson West. Pero, sobre todo, sabe a café: intenso, amargo, estimulante...

Quizá el problema, porque todos los libros tienen algún problema, es que hay demasiadas referencias y alusiones que pueden aturdir al lector por poner en evidencia su inmensa ignorancia. Un amigo al que le dejé el libro (¡y me lo ha devuelto!) me dijo que le había gustado, pero que se notaba que el autor lo había escrito sobre todo para él. No sé, supongo que así es como se tienen que escribir los libros. De lo que no me cabe duda es de que merece la pena leerlo, mejor un martes de septiembre y con lluvia, o un jueves de abril con sol, pero siempre con un café de esos que saben mejor cuando se comparten.

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21 Abril 2014

De los peligros de no saber ortografía

-¡Ola, Patapalo!

-K tal?

Y la ola arrastró a Patapalo al fondo del mar, por no saber ortografía...

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10 Abril 2014

Desbarajuste

Cenicienta Roja y los siete cerditos se dieron cuenta de que algo iba mal cuando no vieron al lobo feroz por ninguna parte.

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LA VIDA ES CUENTO

Madrid, España
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@Edu_Ares

-- Me llamo Eduardo Ares, soy filólogo clásico, narrador oral escénico y me he dedicado 17 maravillosos años a la enseñanza: diez en Los Olmos, tres en el IES Valdebernardo y cuatro en el IES Anselmo Lorenzo... Pero la vida es cuento y ahora mismo he pedido una excedencia para emprender una nueva aventura vital... Este blog nació en mayo de 2006, cuando me estaba preparando el examen de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura y últimamente va un tanto a trompicones, como a veces les pasa a los cuentos y a la vida.

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