14 Junio 2013
Hace tiempo que quería escribir esta entrada en "La vida es cuento", pero no me resulta nada fácil. De hecho, esta entrada ha sido culpable en parte de mis prolongadas ausencias. Porque se me hace un nudo en las teclas cada vez que pienso que tengo que escribir que voy a decir adiós a una de las etapas más maravillosas de mi vida. Y porque esta es una entrada demasiado personal, más para compartir a media voz con los amigos junto a unas cervezas y unas risas, como tantas otras veces, que para lanzarla al océano cibernético.
Pero al fin y al cabo también me apetece compartirla con quien se pasa por aquí con cierta frecuencia y agrado, ahora que quedan tan pocos, y me conoce mejor de lo que me imagino, aunque nunca nos hayamos visto.
Han sido diecisiete años dedicados a la enseñanza, posiblemente una de las profesiones más hermosas, arriesgadas, intensas, paranoicas, difíciles y divertidas que uno se pueda imaginar. Y cuelgo la tiza no por combustión o cansancio, sino porque creo que mi camino ha llegado a una encrucijada también inesperada y sorprendente para mí, aunque llevo más tiempo del que me gustaría reconocer pensando que tarde o temprano llegaría hasta aquí.
Y yo, que lo tenía tan claro hace apenas tres párrafos, ahora ya no sé cómo seguir, si continuar con una introducción que empieza a ser demasiado larga o soltar así, de sopetón, como quien dice que ya ha llegado el verano, que he pedido una excedencia y que me voy a Pamplona para acabar en la Universidad de Navarra los estudios de teología y si Dios quiere y yo no cambio de opinión quizá ordenarme sacerdote dentro de tres años.
No, me temo que de sopetón puede sonar demasiado fuerte. Es preferible decirlo poco a poco, para que quien lee se vaya temiendo lo peor y al final diga "ah, bueno, pues tampoco era para tanto". O "ya me lo imaginaba yo, si se veía venir". O tal vez lo mejor sea borrar todo lo escrito hasta aquí, cambiar de tema y volver a intentar escribirlo un poco más adelante, cuando encuentre las palabras adecuadas.
He de reconocer que cuando se lo he ido comentando a mis amigos y compañeros, la reacción ha sido fantástica, a pesar de que tengan puntos de vista no distintos, sino contrarios a los míos en muchos aspectos... Pero no en otros muchos, porque por algo somos amigos. Ha habido algún cariñoso "no me jodas", pero lo más frecuente ha sido "me alegro un montón, si así eres feliz"... Y he tratado de explicarles que, aunque espero ser feliz así, mi planteamiento inicial no ha sido ese. No me he puesto a pensar a qué me podría dedicar porque la enseñanza ya no me llenaba. No es eso y lo saben. Lo que pasa es que no es fácil de explicar, ni de entender, y más si uno no tiene fe. Es Dios quien llama, quien elige al que le da la gana porque ya se ve que le gusta lo de "tiene que haber de todo en la viña del Señor". Y si uno piensa que Dios le llama, lo mejor que puede hacer es decirle que sí, porque Él sabrá lo que hace. De todas formas, también soy muy consciente de que lo mismo en un par de años he decubierto que no he oído bien, que no era este mi camino, que no me llamaban por aquí y vuelvo con ilusión renovada a las aulas, porque hay quien me ha colgado la sotana antes de haberme ido.
En fin, dicho queda, casi que no voy a releerlo porque, si no, acabaré por no publicarlo. Si eres de los que tienes fe, se agradecen oraciones, si no, por lo menos el intento de comprensión... y, en cualquier caso, la sonrisa.
servido por Eduardo
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13 Junio 2013
Y cuando ellos comienzan a disfrutar de su libertad, tú comienzas tu encierro. Bueno, en realidad, tu encierro ha empezado un poco antes, porque el mismo día en que hacen el examen (en el caso de Lengua el martes de la semana pasada) te llevas tu lote de 170 exámenes, más o menos, para corregir en seis días. El mismo martes tuvimos la anhelada reunión de correctores en la que esperaba que por fin me fuesen revelados los temibles secretos de los temidos "correctores de selectividad"... Y he de reconocer que salí un tanto decepcionado.
Supongo que en Matemáticas o en Física es fácil decir estas son las soluciones y cada error se penaliza con tanto. Pero en Lengua hay varias preguntas en las que no todo está tan claro: haga un comentario lingüístico, elabore un resumen, redacte un texto argumentativo sobre tal tema... Sé que no es nada fácil que todos los correctores mantengamos un mismo criterio, por eso habría sido de agradecer un modelo que nos sirviese de base, pero en la hoja que nos entregaron titulada "LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA II. SOLUCIONES" aparecían frases del tipo: "respuesta de carácter abierto, en la que el estudiante debe poner de relieve las principales características lingüísticas y estilísticas del texto" como solución a la pregunta "detalle,las características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes"; o "respuesta de carácter abierto, donde se prima la capacidad del estudiante para construir un texto argumentativo y la corrección y claridad de la expresión"... Tampoco el solucionario era mucho más explícito en lo que se refería a preguntas de carácter cerrado. A la pregunta "La literatura del siglo XVIII. Ensayo y teatro", la solución ofrecida era "El estudiante debe redactar un texto expositivo que responda a la pregunta: La literatura del siglo XVIII. Ensayo y teatro". O sea que al final es cada corrector el que tiene que decidir qué características, qué autores y qué obras son las que tiene que destacar el estudiante. Y me imagino que serán las mismas para mí que para X, pero no lo sé, insisto, y hubiese preferido unas pautas más extensas, aunque hubiera que tenido que renunciar por ello a mi criterio personal. Bastante abrumador es ya pensar que de la nota que tú le pongas en ese examen puede depender el futuro profesional y vital de ese estudiante, como para encima tener que aferrarte al que se supone que es tu buen criterio. Y claro que procuro tener un criterio, pero me es muy difícil delimitar la frontera que existe entre el 0,75 y el punto en un texto argumentativo que vale 1,5 puntos.
Cuando te pones a corregir te empiezan a asaltar dudas existenciales: a lo mejor estoy dejando a este buen tipo sin la posibilidad de estudiar la carrera de su vida. Pero esa duda se ve contrapesada en seguida por su contraria: si a este le pongo más de lo que se merece, a lo mejor estoy privando a otro alumno de la posibilidad de estudiar la carrera de su vida. Así que aparcas las dudas existenciales y procuras ser lo más justo posible, con la idea de que, si alguien reclama su nota, el segundo corrector compruebe que tiene la que en justicia le corresponde, si acaso algo más que menos. También te entra la angustia de estar examinando, de alguna manera, a tus propios compañeros de profesión: cuando el viernes que viene lleguen las notas a los centros, alguno, empezando por mí mismo, se llevará la sorpresa de que hay alumnos que sacan una nota inferior a la que sacaron durante el curso o todo lo contrario. Pero, en parte, es lógico, porque en un solo examen y sin conocer al alumno no puedes evaluar todo lo que se hace durante un curso. Basta con que hayan caído justo las preguntas de literatura que el alumno no se estudió para que la nota se reduzca al menos en dos puntos. Esa es otra cosa que se echa de menos. Te gustaría poder tener la posibilidad de explicar a los corregidos por qué les has puntuado de esa manera y no de otra, en qué han fallado y qué han tenido bien.
También sé que es tirar piedras contra mi propio tejado, pero las faltas de ortografía no cuentan tanto como nos hacen creer. Nos piden que seamos benévolos y se nos da el criterio orientativo de bajar medio punto por cada cuatro tildes (más o menos, lo mismo que bajamos en el instituto en primero de la ESO) y al final creo que a nadie le ha bajado más de un punto por faltas y no porque no las hubiera.
En general, la idea que uno saca es que se exige bastante menos de lo que exigimos en 2º de Bachillerato. Por ejemplo, en el análisis morfológico basta con indicar el tipo de morfema sin necesidad de aclarar qué aporta ese morfema al significado final de la palabra. Y es estremecedor comprobar que para unos cuantos "engrandece", verbo de los de toda la vida, es sustantivo o adjetivo. Y en esa misma palabra muy poquitos han sido capaces de separar la última -e como morfema flexivo (ya me imagino que si no eres profesor o alumno de Lengua esto te interese más bien poco, pero no te imaginas la ilusión que a mí me hubiera hecho que alguien me lo hubiesen dicho hace unos meses).
De todas formas, lo más duro, más decepcionante y más preocupante de estos intensos días de corrección ha sido leer y corregir los textos argumentativos. Porque es lógico que en la pregunta de literatura o de sintaxis todas las respuestas sean iguales, pero que parezca que los textos argumentativos están copiados unos de otros no es más que el síntoma del triunfo del pensamiento único, de lo políticamente correcto y de la pobreza de expresión escrita. Cuando acabé de corregir, escribí un texto, algo exagerado, pero solo algo, que resume ls principales defectos que me he encontrado:
Hoy en día en nuestra sociedad en mi opinión es muy importante aprender a escribir debido a que la mayoría de los textos los cuales he corregido van a mostrar numerosas faltas de expresión ya que tratas de escribir lo más raro posible. En conclusión, se debe escribir mejor.
En fin, las notas no han sido demasiado altas (5,7 de media), pero la más baja ha sido un 2,5. Y eso sí, me he dado el gustazo de poner un 10, que ya tenía ganas:

servido por Eduardo
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10 Junio 2013
Las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU para los amigos, selectividad para los nostálgicos) tienen algo de misterioso y enigmático: la figura del corrector, de quien depende el futuro de tus alumnos. Sabes que si eres profesor de instituto, das clase en bachillerato y lo solicitas, puedes llegar a ser corrector de selectividad (sí, soy de los nostálgicos). Pero también sabes que nunca te toca a ti, como la quiniela. Y durante el curso te carcome la duda de si al dichoso corrector esto o aquello le resultará de su agrado, si realmente será capaz de "fundirse" a alguien por faltas de ortografía y qué secretos criterios le guiarán para decidir si un texto argumentativo merece un 0,75 o un 1.
Hasta que un día te llega un mensaje al móvil que te anuncia que has sido nombrado corrector y pocos días después te llega una escueta nota en la que se te cita para el día en que comienza la selectividad a las 8.30 en determinado tribunal. Cuando les dije a mis alumnos que iba a ser corrector dieron un suspiro de alivio porque sabían que no podían caer en mis manos. Son injustos. No soy tan duro, ni tan cruel como aseguran las malas lenguas: a las pruebas me remito... y a las notas.
Me hacía ilusión corregir selectividad, entrar en los secretos mejor guardados de qué criterios concretos de corrección se siguen, porque los generales ya los sabes, pero son eso, demasiado generales. Si eres miembro de un tribunal no solo corriges los exámenes, también los vigilas. En cada aula hay al menos dos profesores y, media hora antes de que comience el examen, uno de ellos hace el llamamiento, mientras que el otro va indicando a los alumnos que dejen la mochila, móvil incluido, en el encerado y se sienten en determinado sitio (lo curioso es que el móvil lo dejan efectivamente dentro de la mochila: siempre que sonó algún móvil no lo tenían encima).
El llamamiento para el primer examen es solemne y aterrador. Dices el nombre, se te acercan, te dan temblorosos el DNI, lo compruebas, les das las etiquetas adhesivas con su código de barras que tendrán que pegar en cada examen y les haces pasar. Como esta vez el clímax del examen lo daban las circunstancias, decidí no poner mi cara de asesino en serie, sino la mejor de mis sonrisas, acompañada de un mucho ánimo o mucha suerte. El momento tal vez más terrible y angustioso, o solo ridículo, son los quince o veinte minutos que transcurren desde que se han colocado todos en sus sitios hasta que te traen el examen para que se lo des. Como lo que prima no es de qué instituto vienen, sino por qué letra empieza su apellido, es fácil que cada uno acabe rodeado de desconocidos con los que no sabe de qué hablar y así se produce un tenso silencio lo suficientemente largo para que les dé tiempo a convencerse de que se les ha olvidado todo y de que tenían que haber estudiado mucho más la semana pasada, bueno, y también durante todo el curso. Estuve tentado, más de una vez, de contarles un cuento, pero al final no me atreví.
Una vez que han hecho el primer examen todo se vuelve más fácil y cotidiano y como uno se acostumbra a todo al tercer examen tienen la sensación de que han estado la vida entera haciendo selectividad y desaparecen los nervios y crece la confianza... hasta que descubres con pavor que te has dejado las etiquetas olvidadas en casa. Y le dices al profesor que ha ido a acompañaros que le das las llaves de tu casa y que, por favor, vaya a por las p etiquetas porque en su casa no hay nadie... Tratamos de tranquilizar a Laura (pondría una X, pero es tan imposible que alguna vez lea esto que voy a "desanonimarla") y conseguimos localizar a su madre. El profesor acompañante me repetía mientras tanto que no me podía imaginar la cantidad de veces que les habían recordado que no podían olvidar las etiquetas... Hasta que le dije que le entendía perfectamente, que yo también soy tutor de segundo... y de pronto creo que cayó en la cuenta de que los correctores de selectividad no son los tipos de negro que uno se imagina, sino un profesor como cualquier otro. Al final la madre consiguió traer las etiquetas antes de que acabara el examen y a Laura no se le volvieron a olvidar al día siguiente.
Después de tres días intensos, cuando acaban el último examen creen descubrir el auténtico significado de libertad, recuerdan con rubor los nervios de apenas tres días antes y quedan convertidos en unos auténticos expertos que pueden decir con aplomo aquello de "la verdad es que la selectividad no es para tanto"...
servido por Eduardo
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27 Mayo 2013
Como escribía ayer, hoy este blog cumple siete años, lo que supone ya una probada senectud. El blog y yo lo hemos celebrado leyéndonos un rato, recordando tantos buenos momentos y tomándonos una buena sopa de letras.
Y como me encantan las estadísticas, aquí están algunos datos:
- 427 entradas (en 2557 días supone una media de una entrada cada seis días, que tampoco es como para lanzar cohetes).
- 1421 comentarios, que se agradecen de veras.
- 233881 páginas cargadas desde que puse el contador.
- Los que acaban aquí por despiste suelen ser los que buscan La alegría de querer, de Jairo Aníbal Niño, Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini, o información sobre las oposiciones de Lengua.
- El 2010 fue el año con más visitas y este 2013 está siendo el más flojo (no me explico por qué...).
- 316 propósitos de escribir con más frecuencia (317 si contamos el de ahora mismo).
En fin, que llegados a este punto uno ya no sabe si se puede considerar ensañamiento terapeútico seguir con el blog, si ha llegado el momento de dejarlo descansar en paz o si, en el fondo, uno lo sigue necesitando para recordarse que le gusta escribir, que lo tiene que hacer más a menudo y que si la vida es cuento hace falta que alguien la cuente...
servido por Eduardo
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26 Mayo 2013
No solo tengo sobrinos, de vez en cuando también tengo actuaciones y eso me permite acordarme de que érase una vez un blog que cada vez tiene más achaques. Y en parte es lógico, porque ya empieza a tener una edad: mañana cumple 7 años, lo que no está nada mal si se tiene en cuenta que la media de vida de un blog convencional es de 463,7 días, es decir, 15 meses y medio (según datos que he encontrado en una interesante entrada de rafalinux). Pero me estoy desviando del tema, porque no escribo esta entrada para hablar del blog, sino para anunciar, con el retraso habitual, que esta semana cuento en la XV muestra de Narración Oral Escénica "Contar con la Universidad Complutense". Será el martes, a las 19.00 en el Paraninfo del Edificio A de Filología, con entrada libre.
Me encanta contar en el Paraninfo, porque fue allí donde me encontré por primera vez con los cuentos orales hace casi veinte años y escuchando aquellas historias soñé con ser yo quien las contase algún día.
Ya sé que la fecha no es buena, que llega el fin de curso y los exámenes, pero culminar una tarde intensa de estudio (recomiendo especialmente la biblioteca de clásicas, en el mismo edificio) con unos buenos cuentos es una de las mejores recetas que se me ocurre para hacer más llevadero este final de curso. A mí me hará mucha ilusión verte allí. Cuento contigo...
LOS CUENTOS
SON ASES
HISTORIAS CON HUMOR Y CON EMOCIONES
XV MUESTRA IBEROAMERICANA
DE NARRACIÓN ORAL ESCÉNICA
"CONTAR CON LA UNIVERSIDAD
COMPLUTENSE DE MADRID" 2013
Diversión, emociones, amor, expectación,
sorpresas, suspense, alegría,
para adultos y jóvenes
con entrada libre hasta llenar aforo.
Martes 28 de Mayo a las 19:00 horas
PARANINFO
FACULTADES
DE FILOLOGÍA Y FILOSOFÍA / UCM
Facultades: Filología y Filosofía / Edificio A
Metro: Ciudad Universitaria. EMT: Líneas 82, 132, F, G, I, U
CAMPUS MONCLOA
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
Jueves 30 de Mayo a las 19:00 horas
SALÓN DE ACTOS
FACULTAD DE TURISMO
Y COMERCIO / UCM
Avenida de Islas Filipinas 3
Metro Islas Filipinas. EMT: Líneas 2, 44, 12 y Circular
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
ORGANIZA:
VICERRECTORADO DE ATENCIÓN
A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA / UCM
UNA PRODUCCIÓN: CIINOE
Fundador y director: FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Dirección y artistas orales y humoristas
de Argentina, Cuba, España, México,
en dos diferentes funciones rigurosamente
sólo para adultos y jóvenes a partir de los 16 años de edad
• LOS CUENTOS SON ASES (I)
Martes 28 de Mayo, 19:00 h.
Entrada libre adultos, jóvenes.
• LOS CUENTOS SON ASES (II)
Jueves 30 de Mayo, 19:00 h.
Entrada libre adultos, jóvenes.
ARGENTINA / CUBA / ESPAÑA / MÉXICO
UN EVENTO DE DOS COMPAÑÍAS INTERNACIONALES:
COMPAÑÍA DE LA IMAGINACIÓN
COMPAÑÍA LA AVENTURA DE REINVENTAR
Y SUS INVITADAS E INVITADOS
Martes 28 de Mayo - 19:00 h.
LOS CUENTOS SON ASES (I)
Intervención especial:
J. Víctor Martínez Gil (México).
Con: Sonia López, Jorge Zapata,
Juan Reig, Fátima Martínez
y Eduardo Ares (España).
Jueves 30 de Mayo - 19:00 h.
LOS CUENTOS SON ASES (II)
Intervención especial:
J. Víctor Martínez Gil (México).
Con: María Luisa Villén, Maite Aranda,
Jorge Sanz Garrido, María Luisa Aranda (España),
Verónica López (Argentina)
y Mónica Rodríguez (España).
INVENCIONES Y REINVENCIONES:
MONÓLOGOS MENTIROSOS,
CUENTOS DIVERTIDOS,
SUCESOS DE AMOR
Y OTRAS FIESTAS ORALES.
servido por Eduardo
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5 Mayo 2013
El otro día me invitaron a cenar en su casa mi hermano y mi cuñada (bueno, más bien al revés). Llegué hasta el portal y a pesar de haber estado cientos de veces tuve que comprobar el número de piso y la letra. Creo que desde que tengo móvil no he vuelto a aprenderme ni una dirección, ni un número de teléfono, stin embargo todavía recuerdo perfectamente los que me aprendí antes de tener el cacharro, aunque no los haya utilizado durante años. Espero que estos olvidos no sean porque el móvil me esté volviendo más tonto, que todo puede ser, sino porque la memoria prefiere ocuparse de asuntos más necesarios. Algo parecido les pasaba a los "juglares" que todavía había en Marruecos en el siglo XX (y no sé si seguirá habiendo, esto me lo contó mi profesor de literatura española en primero de carrera y no he contrastado la veracidad de tal información): eran analfabetos, pero se sabían de memoria poemas de miles de versos. En cuanto aprendían a leer, olvidaban en poco tiempo gran parte del poema, porque la memoria dejaba de ser vital para eso.
Pero nos hemos desviado: llegué al portal de casa de mi cuñada y mi hermano y comprobé el piso y la letra... La verdad es que no sé por qué me cuesta tanto recordarlo. Es el portal 2, el segundo D, es decir el Dos-Dos-D. Hasta un segundo piso todavía me veo con fuerzas para subir por la escalera y empecé a "peldañear" mientras pensaba que todavía tenía que enviar unos cuantos mensajes con las notas del último examen de Lengua para que los alumnos tuviesen tiempo de prepararse el examen del miércoles que viene... Llegué ante la puerta y comprobé que era la letra D. Como no sabía si mi sobrinilla estaría ya durmiendo, golpeé la pueta varias veces con los nudillos. Desde el interior me llegó una voz:
-¿Quién es?
Y como supuse que una pregunta tan obvia estaba motivada por la cercana presencia de mi sobrina, puse mi voz más cavernosa y exclamé:
-El lobo.
Al instante me abrieron la puerta, pero para mi sorpresa no me encontré con mi sobrina... Ni con mi hermano, ni con mi cuñada, sino con un tipo joven, con barba, al que no había visto nunca, muerto de la risa y escoltado por un par de chavales pequeños que no entendían qué le podía hacer tanta gracia a su padre cuando era probable que finalmente el lobo hubiese llegado para llevárselos.
-Eres hermano de Richy, ¿no? -me dijo divertido (menos mal que nos parecemos)-. Es que llamas igual. Te has equivocado, es en el piso de arriba.
Fue uno de esos momentos "tierra, trágame" a los que estoy tan acostumbrado que en lugar de morirme de la vergüenza lo hice de la risa y todavía muerto de ella llegué hasta casa de mi hermano (y mi cuñada y mi sobrina) que se lo pasaron en grande con la aventura del pobre lobo que quizá sí que se esté quedando tonto con tanto móvil.
servido por Eduardo
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29 Abril 2013
Menos mal que de vez en cuando me sigue aumentando la sobrinería para que este blog no muera por inanición (casualmente hoy P me recordaba que hacía mucho/demasiado que no actualizaba el blog y que lo mismo me lo cerraban). Pero volviendo a lo importante, esta mañana ha nacido X, la undécima de las sobrinas y la vigésimo octava del total. Esta vez la X no es una forma de preservar el anonimato, sino que a estas horas de la noche todavía no sé cómo se llama, entre otras cosas porque ha venido con veinte días de antelación y sus padres todavía no se habían puesto muy de acuerdo en la cuestión onomástica, que es una cuestión que te marca para toda la vida. Aunque luego nunca se sabe: el otro día M me contaba que nunca le ha gustado su nombre y que a partir de COU decidió "retocarlo" con el sencillo método de presentarse con un hipocorístico que le gustaba más. También sé del caso de un Ulpiano que ha logrado convencer a todo el mundo de que se llama Alberto. En mi caso, soy yo el que se tiene que esforzar con frecuencia en explicar que mis padres estuvieron pensando en ponerme "Profe", pero al final decidieron llamarme "Eduardo" y la verdad es que me gusta más este último nombre.
En fin, bienvenida, Almudena (que parece ser el nombre que finalmente triunfe), creo que te lo vas a pasar en grande, pero no sabes bien en qué familia te has metido...

Y ya que paso por aquí aprovecho para hacer el enésimo propósito de enmienda, para pedir disculpas y para excusarme por no haber dado señales de vida durante las últimas semanas: no es que me falten cosas que contar, más bien es que me gustaría tratar algunos temas con más tranquilidad y sigo enganándome con la fútil idea de que para escribir con calma mañana será mucho mejor día.
servido por Eduardo
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4 Abril 2013
Todo curso se acaba, pues es cuestión de tiempo. El final del segundo trimestre suele ser una de las épocas más duras, difíciles y ajetreadas del curso. No sé bien por qué razón (cambios del tiempo, estrés, cansancio acumulado, casualidades de la vida) a final del segundo trimestre siempre hay una semana en la que el número de peleas crece exponencialmente y el mal comportamiento de los alumnos es inversamente proporcional a tu paciencia... Hasta que llega la Semana Santa y uno se toma un respiro y se olvida de todo (incluidos los deberes y el estudio, claro está) y vuelve con ánimo renovado y piensa que, por muy mal que haya ido hasta ahora el curso, todavía tiene solución y yo no voy a ser de los que repiten.
Y por fin llega la última evaluación. El otro día empecé mi clase de 2º de Bachillerato intentando insuflarles ánimos para este último trimeste, que en realidad es un mes porque los exámenes finales son la segunda semana de mayo y entre medias tenemos unas cuantas fiestas (y eso, en lugar de animarles, les agobió más todavía) y además una vez que hagan la selectividad se darán cuenta de que no era para tanto y que se esperen cinco años para descubrir que la vida sí que puede ser complicada ("pues si nos querías dar ánimo, te estás luciendo").
El parón vacacional ayuda a renovar propósitos y ánimos, uno piensa que esta vez sí que sí, que se va a poner las pilas y va a estudiar lo que no está escrito (incluso lo que está escrito), porque hacerse propósitos de futuro es fácil y consolador. Las clases comenzaron el martes y hablé con X el miércoles en un pasillo:
-¿Qué tal te ha ido la evaluación?
-Pufff. Me han quedado 10... Pero esta evaluación sí que me voy a esforzar...
-¿Cuántas horas estudiaste ayer?
-Ayer nada, es que todavía no teníamos nada que estudiar.
-¿¿¿¿????
Hoy he vuelto a encontrarme a X.
-¿Cuánto estudiaste ayer?
-Ayer una hora, pero es que me canso en seguida.
Es un comienzo.
También Y dijo ayer con convencimiento que va a ser de los listos. Z asegura que esta evaluación va a aprobar todo...
Hoy, en otra clase, no sé cómo, hemos pasado de la guerra de Troya a la tele (en la habitación, por supuesto) y al ordenador y al móvil... Y yo entiendo que es muy difícil ponerse en "Modo Estudio" teniendo tanto en qué engancharse. Les he animado a que lleguen a casa y sorprendan a sus padres: "papá, por favor, quítame la tele de la habitación y el móvil". Pero me temo que no me harán mucho caso... y que mañana tampoco tendrán hechos los deberes.
Yo también he procurado hacerme mis propósitos. Tomarme esta evaluación como si de verdad fuese la última. Sonreír más, no dar voces, hacer las clases más amenas, descubrir nuevas formas de explicar... Pero a mí también me cuesta una infinidad cumplirlos.
servido por Eduardo
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