13 Febrero 2012
El viernes, cuando llegué a clase de 1º de Bachillerato, había varios globos esparcidos por la clase. Me explicaron que era la fiesta de S. ¿Su cumpleaños? No, no era su cumpleaños, era su fiesta de despedida.
-Profe, la semana que viene ya no voy a venir al instituto.
Ha decidido, creo, que es absurdo estar en clase perdiendo el tiempo, que para eso mejor se queda en casa y hace algo. ¿El qué? No sé, primero el carnet de conducir, luego ya veremos.
Aunque S se lo toma con humor y una sonrisa, no deja de ser doloroso ver cómo alguien abandona el barco. Pero también entiendo que si estás en un barco que te lleva donde tú no quieres, mejor es bajarse cuanto antes. En el fondo, la clave está en que uno acierte con su lugar en el mundo. Y si estás en primero de Bachillerato para ver si hay suerte y apruebas unas cuantas o porque no se te ocurre nada mejor que hacer, lo más probable es que estés en el barco equivocado. Según pasan los cursos, la suerte va dejando de existir. Rara vez te darán las notas y te sorprenderás diciendo: "Huy, me ha tocado aprobar Lengua e Inglés", como quien gana la lotería.
A veces, cuando manifiesto en clase una opinión de este tipo, alguno se siente ofendido y muy digno te pregunta:
-¿Qué pasa? ¿Nos estás echando?
Y se ve que no consigo explicarme bien. Que no tengo ningún interés en echarles, que son ellos los que no deberían tener interés en estar allí si es para perder el tiempo. Que van a disfrutar mucho más cuando empiecen a dedicarse a lo que realmente les gusta, dentro de sus posibilidades.
A mí me hubiese gustado que S siguiese en clase, pero creo que ha tomado la decisión acertada. Siempre me quedará la duda de si no podría haber decidido estudiar en serio. Pero entiendo que esa es una decisión mucho más difícil.
servido por Eduardo
2 comentarios
compártelo
12 Febrero 2012
Ayer estuve en el concierto dirigido por Zubin Metha. A ratos me sorprendió, a ratos me gustó, a ratos me desconcertó... y a ratos me adormeció. El concierto lo componían dos obras, como ya dije ayer. La primera era contemporánea, de unos 23 minutos de duración, me gustó más de lo que esperaba, quizá porque me habían avisado de que era música difícil y después no me lo pareció tanto. La sinfonía de Bruckner duró ochenta minutos y he de reconocer que en muchos no estuve a la altura.
En definitiva, salí con la sensación de que había estado escuchando un idioma distinto, que apenas conozco y que me encantaría conocer. Y una vez más me he dado cuenta de que muchos problemas nos vienen por la falta de vocabulario.
servido por Eduardo
sin comentarios
compártelo
11 Febrero 2012
Estoy en Valencia, a punto de asistir a un concierto dirigido Zubin Mehta. Hasta hace una semana no sabía de la existencia de tan insigne personaje, que a los 25 años ya había dirigido las filarmónicas de Viena y Berlín.
He de reconocer que soy un analfabeto musical. Y no lo digo con orgullo, sino con vergüenza y algo de remordimiento. Me temo que voy a disfrutar de este concierto lo mismo que el pobre Y de mis clases sobre Garcilaso, pero por lo menos prometo poner en juego toda mi capacidad sensitiva con la esperanza de que este sea el primer paso para desecar esta laguna que más parece un océano.
Aunque no sé si César Cano, compositor valenciano actual, es el mejor primer paso para un ignorante. Bruckner por lo menos me suena un poco más.
servido por Eduardo
sin comentarios
compártelo
10 Febrero 2012
He tardado más de lo habitual en corregir el examen que hice el viernes de la semana pasada. Aquel en el que les había dejado utilizar la chuleta y les había puesto frases que ya habíamos corregido. Y he tardado porque soy un cobarde, porque prefería no saber, porque era mejor creer que se había producido el milagro... Pero al final los he corregido. Y es cierto que, de los catorce, hay dos o tres que no llegan al 2, pero también es cierto que ha aprobado más gente que nunca y que unos cinco han estado por encima del 7. Otros han aprobado un examen por primera vez en mucho tiempo o se han quedado a las puertas.
Pero no pienso dejar así el asunto. Cada día, después de explicar lo que toca, les pongo a hacer algunos deberes, mientras en una mesa aparte, me pongo con cada uno pare irle explicando sus fallos y sus errores con la esperanza de que en un examen parecido, hecho por sorpresa cualquier día, consigan mejorar su nota.
servido por Eduardo
sin comentarios
compártelo
9 Febrero 2012
Mi relación con el inglés siempre ha sido difícil, a veces traumática e incluso desagradable. En alguna ocasión tendría que contar aquí aquella clase de inglés, en primero de carrera, en la que la profesora me estaba echando tal bronca que acabé por levantarme e irme dejándola con los improperios en la boca.
Como tantos otros de mi generación, he tenido muchas clases de inglés desde 6º de EGB, y he aprendido muy poco. Quizá porque los profesores eran malos. Quizá porque éramos nosotros los malos. Quizá porque el interés era poco. Quizá porque algunos cursos eran demasiado fáciles y otros demasiado difíciles. El caso es que he acabado sabiendo el suficiente inglés para leerlo y enterarme de lo que leo. Ahora, escucharlo es otra cosa. Y producirlo, ni te cuento.
Este año estoy haciendo un Curso de Inglés para profesores en el Instituto junto con otros cuantos compañeros. Es el nivel básico y por enésima vez en mi vida he empezado por el verbo "to be". Mi idea es ganar en comprensión y expresión oral y algo voy consiguiendo. Ha crecido el número de canciones en las que entiendo algo más que "love". También he conocido a un par de primos ingleses (son primos entre ellos, no míos) y junto con algunos amigos estamos procurando tener conversaciones en inglés un par de días a la semana.
Y me he dado cuenta de que todas mis conversaciones en inglés son banales y bastante superficiales y estereotipadas. Entre otras cosas porque mi vocabulario es tan básico que solo puedo hablar de unos pocos temas. Hay muchas frases que pienso y no digo porque no sé cómo decirlas... Y de pronto se me ha ocurrido que ese mismo problema lo tienen algunos de mis alumnos: su vocabulario es tan reducido que son incapaces de hablar de lo que realmente piensan y se tienen que conformar con gruñidos, insultos y estereotipos, cuando no con ordinarieces. A ellos les encantaría hablar de algo más profundo, pero tal vez no conocen las palabras necesarias. Oh, my God!
servido por Eduardo
1 comentario
compártelo
8 Febrero 2012
Esta mañana me he encontrado a JA. Llevábamos prisa y apenas hemos intercambiado un breve saludo.
Le di clase hace más de diez años. En aquel momento, aunque era buen tipo, yo no hubiese dado un duro (de las antiguas pesetas) por que acabase el Bachillerato.
No solo acabó el Bachillerato. Acabó Filosofía con buenas notas y ahora da clases.
Para que aprendas a no juzgar tan rápido, listo.
servido por Eduardo
1 comentario
compártelo
7 Febrero 2012
Así, sin haberlo pensado mucho ni haber estudiado en qué consiste la propuesta, la idea de un Bachillerato de tres años me parece una buena idea.
De hecho yo iría más allá, hasta el berenjenal, y reduciría la edad de escolarización obligatoría. Si a los 15 años alguien ha cosechado un cúmulo innumerable de fracasos a lo largo de su carrera estudiantil es muy difícil que se decida a hacer nada. Es cierto que hay algunas salidas excepcionales como el PCPI (Programa de Cualificación Profesional Inicial) o los ACE (reconozco que no sé a qué corresponden las siglas, pero admiro casi hasta el infinito a las personas que los sacan adelante), pero sigue habiendo mucho alumno instalado en la apatía, en el mejor de los casos, o en el "disruptivismo", por decirlo en curricular. Y en plena adolescencia el "porque lo digo yo, que soy tu Estado", funciona poco.
Que no se me malnterprete. Estoy dipuesto a poner todos los medios a mi alcance para sacar un alumno adelante, pero como en tantas otras cosas: "no podemos estudiar por ti". Creo que uno de los errores más venenosos del actual estado de cosas es la promoción automática, de la que ya debo haber hablado en alguna ocasión. En principio, solo puedes repetir un curso a lo largo de la Educación Primaria y si resulta que no sabes aprovechar el curso que repites, tu cabeza se queda estancada en tercero o cuarto de Primaria, mientras los años van pasando y un día te despiertas en el Instituto. Repites primero de la ESO y al año siguiente ya pasas de curso, independientemente de los resultados que hayas sacado o de si has asistido o no a clase. Y si estás seis horas al día escuchando cosas que no entiendes, pues algo tendrás que hacer para entretenerte, no vaya a ser que te des cuenta de que, en el fondo, sabes mucho menos de lo que te crees...
No pensaba traer por aquí la reflexión cuando empecé la entrada, pero se ha ido calentando la tecla. Aquí se queda, de momento, que tengo que preparar un examen para mañana para mis alumnos de 1º de Bachillerato, que me han pedido, por favor, que no se me ocurra preguntarles los tiempos verbales, que eso nunca se lo han sabido. Apañados estamos.
servido por Eduardo
sin comentarios
compártelo
6 Febrero 2012
El primero o segundo día de clase se me acercó S a la mesa y me dijo:
-Profe, yo tengo que salir tres minutos después.
-¿Por qué? ¿Tienes "pasillofobia"?
-No, estoy embarazada.
E inmediatamente me hice cargo de que atravesar los pasillos del Instituto en hora punta no era lo mejor para una chica embarazada. S tiene quince años y muchas inquietudes. Entre ellas la de ser una buena madre. No sé mucho más de la historia porque ella no me la ha contado, ni yo se la he preguntado. Solo puedo imaginarme que el camino no ha sido fácil y que ha tenido que tomar muchas decisiones excesivas para sus quince años. Y que ha sido valiente. El pasado 5 de enero, apunto del 6, los Reyes le trajeron a Dani a quien conocí hace un par de semanas. Desde Navidades, S no ha vuelto al Instituto, pero yo espero que haga todo lo posible por no perder el curso y estuvimos hablando de que tiene que hablar a todas horas con su Dani y contarle un monton de cosas y que ella se tiene que hacer un horario y exigirse y... Y a todo me decía que sí, pero soy consciente de que no va a ser fácil.
También me preocupa Dani. Quizá no tenga una vida fácil, pero de lo que puede estar seguro es de que tiene una madre que se ha empeñado en tenerlo... y en quererlo.
servido por Eduardo
sin comentarios
compártelo